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El origen y desarrollo histórico de las drogas “ilegalizadas” y cómo las combate el mundo occidental

Especialista lo explica a detalle

Luis Astorga Almanza, académico del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), uno de los principales especialistas en temas de violencia, criminalidad y Estado, dicto la conferencia “Campos de poder en reconfiguración: político, militar y delictivo”, en un foro virtual organizado por la Unidad Académica de Estudios del Desarrollo, de la Universidad Autónoma de Zacatecas, como parte de su seminario permanente de Pensamiento Crítico.


En una transmisión vía Google Meet, coordinada desde la UAED por los investigadores zacatecanos Margarita González, Jorge Vázquez y Humberto Márquez, el especialista de la UNAM desarrolló una interesante ponencia, sobre las raíces históricas del génesis de las drogas y su prohibición, desde principios del siglo XX, en los Estados Unidos de Norteamérica.


El campo de las drogas, recordó Astorga Almanza, se mueve en torno a un circuito económico de las sustancias psicoactivas ilegalizadas, que incluye además su producción, comercialización y consumo, con sus diversas “sub-etapas”.


El investigador recomendó para el análisis de este tópico, no detenerse en la fase más rentable de este problema social, político y económico, es decir la comercialización, sino comprender que en el mundo de las drogas existe “una relación estrecha e importante, entre el campo político y el campo delictivo”, conformado desde principios del siglo pasado. Aunque reconoció que fue en el último cuarto de ese siglo, en que se dio una reconfiguración entre el campo político y el campo económico de las drogas ilegalizadas.


Para el autor de varios libros en la materia, entre ellos “Mitología del Narcotráfico en México”, “El Siglo de las Drogas” y “Drogas sin Fronteras”, el reto en el estudio de las drogas, consiste en una apuesta epistemológica para usar un lenguaje distinto, y evitar el uso del lenguaje ordinariamente usado en este mundo, “para poder entender este fenómeno tan complejo”.


Todo comenzó en Estados Unidos de Norteamérica, “el país con más posibilidades de éxito para poner un control político, militar, económico y, además, para conceptualizar esta actividad”.


Astorga Almanza hizo énfasis en el término de sustancias ilegalizadas, y no ilícitas, porque dijo, lo ilícito no es una propiedad intrínseca, “pues son las actividades humanas las que legalizan y codifican las sanciones penales para quienes transgredan la codificación jurídica”.


De esta forma a principios del siglo XX, el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica decidió organizar toda una serie de conferencias mundiales, encaminadas a ilegalizar una sustancia de uso milenario en muchos países del mundo: el opio, y sus derivados, al cual consideraron un problema social general.


De esta forma, para el año de 1909, en Shanghái se realizó la primera conferencia mundial, a la que siguieron otras, realizadas en La Haya, que fueron un antecedente a las que organizó posteriormente la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en los años de 1961, 1971 y 1988. En todas ellas, las medidas sugeridas y a la vez impuestas como necesarias, a los países del orbe por Estados Unidos de Norteamérica, fue ilegalizar el opio, y también la cocaína.


Previamente Estados Unidos había emitido en su territorio la Ley Harrison, en 1914, que estipulaba sanciones específicas para quienes producían y comercializaban opio y sus derivados “y también la cocaína, aunque esta no estaba en el primer lugar de su preocupación”. Erróneamente, explicó el especialista de la UNAM, pues la cocaína, no es una sustancia psicoactiva, sino una droga estimulante.


De esta manera, los Estados Unidos de Norteamérica fueron incluyendo distintas drogas a su lista, en la que había cuatro categorías: sustancias farmacológicas, estimulantes, depresivas y alucinógenas, “todas consideradas como narcóticos e imponiendo así, un imperialismo conceptual y lingüístico”, al mundo.


Así fue como, “por un acto de magia política”, un Estado decidió ilegalizar un grupo de sustancias y automáticamente se creó un mercado ilegalizado, donde el grupo de agentes sociales que participaban en él, “se convirtieron en transgresores de la ley”.


La Ley Harrison impulsó de esta manera las conferencias internacionales “importantes para homologar sanciones, codificarlas en las leyes de distintos países, para tratar de controlar a los mercados de drogas, y sancionar a los transgresores”.


Fue hasta 1920 que en México –al finalizar el periodo de guerra revolucionario-, se promulgó la primera ley de carácter federal sobre la producción y uso de la mariguana. Para el año 1926 en el Código Sanitario, se incluyó la prohibición de la adormidera (opio), aunque paradójicamente, expuso Astorga Almanza, “en Estados Unidos la prohibición de la mariguana, ocurrió hasta 1937”. Porque la idea desde el principio fue prohibir y sancionar el uso de las drogas más usadas en cada país.


Luego entraron en escena, el Poder Político y el Poder Militar, como entes destinados a perseguir y controlar el mundo de las drogas ilegalizadas. Y aunado a ello, un Campo Político frente a un Campo Delictivo, que históricamente se han interrelacionado, en México y el mundo.


Fue así como en 1936, en México, se creó, dijo Astorga Almanza, el Partido Nacional Revolucionario (PNR), precursor del PRI –que fue hegemónico en el poder político durante siete décadas-, una organización política “que fue muy importante para dirimir las diferencias y reducir la violencia entre los grupos de generales que venían de la revolución”.


Durante muchas décadas, en el periodo post revolucionario, y aún después de la segunda guerra mundial, en México hubo una correlación entre el Poder Político y el Poder Delincuencial, aseguró el especialista de la UNAM, hasta llegar a la presidencia de Miguel Alemán Valdez, en los años 40, “cuando se creó la Dirección Federal de Seguridad, en México, casualmente al mismo tiempo que la DEA en los Estados Unidos”.


Ambas organizaciones fueron creadas para “atacar” a los cárteles de las drogas, pero también fueron utilizadas, al mismo tiempo “para combatir al comunismo, y se detenía o asesinaba a delincuentes, pero también a dirigentes sociales”.

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